Sábado, 21 Octubre 2017

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Crisis Minero-Ambiental

 

CRISIS MINERO-AMBIENTAL: PERCEPCION O REALIDAD?

 

Jairo Infante C., Consultor Ambiental 1

 

El actual “Boom” minero en Colombia ha generado una gran preocupación ambiental al revivirse las viejas disyuntivas minería-ambiente, desarrollo-conservación o explotación-protección. Las discusiones sobre esas disyuntivas han tomado diferentes tonos desde la sana, positiva y profunda reflexión hasta las grises confrontaciones sin fundamento. Sin embargo, al final no deberían existir pues el paradigma es que minería y conservación no se excluyen ni contradicen, se complementan. Por ello, cabe preguntarse: si existe una crisis minero-ambiental en el sector Colombia y si ella, es percepción o realidad? Las siguientes apreciaciones y propuestas del autor están basadas en muchos años experiencia trabajando en el sector minero en Colombia, confrontada con experiencia internacional y casos similares en otras partes del mundo.

 

No cabe duda que Colombia siempre ha sido un país minero en la medida que estas actividades siempre han sido muy importantes, independiente de los cambiantes niveles de explotación y su peso en la economía formal e informal. El carbón ha sido el mineral insignia de Colombia en los últimos 30 años por encima de las esmeraldas y el oro, y  prueba de ello es la cantidad de proyectos desarrollados a lo largo y ancho del país, en todas las escalas pero la visibilidad del sector minero y el actual “boom” están jalonados por los proyectos de gran minería dado su impacto mediático en la economía e imagen del país.

 

Las estadísticas y los acontecimientos han mostrado que en el sector minero Colombiano hay dos grandes realidades minero-ambientales; por un lado, la del sector de gran minería (incluyendo la mediana) y  por el otro, la pequeña minería que involucra las minerías de hecho, informal y/o artesanal.

 

Sin embargo, la percepción foránea del sector minero colombiano, es que tiene una buena potencialidad de negocios por su amplio portafolio de minerales, una adecuada, justa y aplicable regulación ambiental, cierta debilidad institucional, algunas incertidumbres legales y contributivas, una pésima impresión de imposiciones por parte de Gobierno y comunidades y marcadas  deficiencias en infraestructura.

 

Colombia vive una oportunidad única para reorganizar, legalizar, fortalecer y tecnificar todo el sector minero. Sin embargo, previamente se deben dar y resolver ciertas deliberaciones  en la disyuntiva minería-ambiente que aún están pendientes para que el “boom” minero no genere en lo socio-ambiental nuevos inconvenientes a los ya existentes que están sin resolver. Aquí planteo solo algunos de estos debates pendientes, sin pretender que sean todos, ni jerarquizarlos ni  discutirlos a profundidad pues ello requeriría de más extensos análisis y planteamientos.

 

Un primer gran tema y  muy actual es el desarrollo de proyectos mineros en las áreas del Sistema de Parques Nacionales y otras áreas protegidas, debate que lleva casi 30 años de atraso, no obstante que siempre ha estado ahí; lo indeseable es que ahora se pretenda improvisar en las respuestas, porque el “boom” minero ya está aquí.

 

Esa discusión  que es supremamente importante tanto para el sector minero como para el ambiental, debe darse con  argumentos técnicos y científicos fuertes, de frente y transparente, con sinceridad y sirviendo a los intereses ambientales del país, de los mineros, las comunidades y los inversionistas. Recientemente la Asociación de Corporaciones Regionales blindó áreas de reserva a las actividades mineras sin aparente fundamento y juicioso análisis, sin ir más allá de sus propias instituciones y eso no es lo adecuado ni deseable pues el debate  ni se dio ni se agoto.

 

Un segundo debate también muy importante, que ya ha sido planteado a raíz de algunas situaciones de hecho, es el potencial de la Orinoquia y el  Amazonas para proyectos mineros, especialmente de gran minería, en áreas en las cuales convergen valores y riquezas de todo tipo. Nuevamente la pregunta es hasta donde avanzar con la minería sin poner en riesgo otros valores tangibles e intangibles. Es otro nuevo reto para todos los actores del sector minero–ambiental que no puede ni debe ser resuelto en la marcha pues la pregunta es: Estamos preparado para ello?

 

Un tercer debate todavía sin concluir, aunque ha tenido una mayor discusión por situaciones mediáticas es la minería en los páramos. El enfoque en este caso se maneja como si el problema con estos ecosistemas tropicales de alta montaña no estuvieran también o más relacionados con otras actividades que históricamente han sido más impactantes y degradadoras como la deforestación y las actividades agrícolas y pecuarias por debajo de los límites de la producción marginal. La importancia y fragilidad de los páramos es implícita y no está relacionada con las actividades que se pretenden realizar incluyendo la minería. Lo necesario, es un ejercicio técnico, profesional y bien hecho que determine las posibilidades y restricciones tanto generales como particulares en este ecosistema, pues tampoco es homogéneo en muchas de sus características, con lo cual la generalización sistémica podría ser equivocada y restrictiva para posibles usos como la minería.

 

Un cuarto debate es sobre la planeación del sub-suelo asociado al licenciamiento minero y sus implicaciones socio-ambientales en superficie que muchas veces no se complementan como seria esperable sino que se contradicen y se excluyen con consecuencias sobre las reservas mineras, sobre los recursos naturales y la resistencia de comunidades por las potenciales incidencias sobre las actividades de las mismas.

 

Un quinto debate planteado es sobre los pasivos ambientales de la minería en Colombia a todo nivel, que de por sí ya son bastante críticos, extendidos, sin control, sin responsables, sin un marco legal suficiente y efectivo, sin recursos ni opciones tecnológicas apropiadamente desarrolladas para solucionarlos en grado suficiente para minimizar los daños dejados por la explotación de recursos minerales.

 

Ahora bien para el caso de la pequeña minería tal como se ha definido aquí, los determinantes, condiciones, situaciones y necesidades son diferentes dadas las limitaciones tecnológicas, empresariales y financieras que tiene, pero sobretodo dadas las características informales que implica su creación y desarrollo.

Han sido varios los esfuerzos Estatales para resolver esa  problemática minero-ambiental asociada a las pequeñas explotaciones, lo cual lleva a afirmar que contrario a la gran minería, para la pequeña minería la crisis minero-ambiental es una realidad.

 

Además, con el paso de los años, la pequeña minería ha pasado de la crisis a la desolación entre otras por el desamparo que quedo luego de la liquidación de las Empresas Estatales del sector como Carbocol y  Ecocarbón  que trabajaban en su formalización, tecnificación, dignificación y promoción. Nunca se podrá tener un sector minero como tal en Colombia mientras no se resuelva este pequeño sector que juega papel preponderante no solo en el aprovisionamiento de los recursos minerales como tales, sino en la economía regional  y en lo social.

 

Obviamente las soluciones para este subsector de pequeña minería implican un cambio en los paradigmas vigentes para establecer vasos comunicantes con la gran y mediana minería que es la segunda propuesta de este escrito, para lograr realmente un sector minero fortalecido que responda a las expectativas de toda índole y una oportunidad grande de institucionalizar toda la minería para que en conjunto sea fuerte, de gran nivel tecnológico y responda a las aspiraciones ambientales, económicas y sociales que se le demanda. 

 

La clave para que exista un sector carbonífero fuerte y boyante debe implicar un adecuado balance entre la gran minería privada suficiente y dinámica con la pequeña minería, asistida y apoyada Gubernamentalmente. La relación entre la gran y la pequeña minería implica que algunos beneficios y excedentes de la primera permitan financiar la legalización, tecnificación, asistencia y promoción de la segunda, y lograr mutuos beneficios. Las experiencias en otros países han mostrado que ese balance es posible, fructífero y benéfico para el sector.

 

Un punto clave en el fortalecimiento de la pequeña minería y solución a su crisis, es el no asistencialismo Estatal, pues lo que hay que hacer es fortalecer y acompañar este subsector para que sea considerado y visto como un buen negocio en su propia escala, actualizado tecnológicamente y con buenas prácticas en lo minero, ambiental, social y comercial.  Igualmente, el papel institucional del Estado en el fortalecimiento de la pequeña minería debe cambiar desde lo policivo, reactivo, tramitador y aislador, para tener un papel más preponderante, proactivo, constructivo y facilitador del subsector, en aras que cumpla su función minera, social, ambiental.

 

Hay consenso en que la mayor fragilidad y vulnerabilidad para el desarrollo y sostenimiento de un sector minero fortalecido es una pobre institucionalidad. Para resolver este asunto se proponen diversas formulas entre las cuales está  la creación de la Agencia Nacional Minera (ANM); pero surgen muchas preguntas, dudas y recomendaciones básicamente tendientes a que haya claridad que esta nueva Entidad no sería similar a la ANH porque la dinámica del sector petrolero es bien diferente a la minería y de otra parte, no parece claro todavía cómo quedaría articulado el subsector de pequeña minería.

 

Un planteamiento final es donde estamos en relación al contexto minero-ambiental internacional?   Conociendo las realidades mineras y socio-ambientales en un espectro de países donde el sector minero es o ha sido determinante, se puede afirmar que estamos bien posicionados y que podemos identificar en ese contexto lo que nos falta. Una de las ventajas que tenemos, por nuestra idiosincrasia, es que siempre estamos desafiando nuestros propios logros y resultados, lo cual generará a la larga que la minería alcance  un gran nivel de desarrollo en los esquemas de manejo minero y socio-ambiental y, por ende, bastante eficientes.

 

Sin embargo, hay que dejar de pensar que las experiencias foráneas tienen éxito asegurado en Colombia, pues todas esas opciones cualquieras que sean deberían ser tomadas a manera de referente e inventario para desarrollar unas más adecuadas a nuestras propias circunstancias mineras, ambientales, sociales y empresariales.

 

Como conclusión de este escrito, vale la pena resaltar los tres aspectos centrales que se plantearon para discusión y análisis; el primero, que la crisis minero-ambiental que aparece colateral al “boom” minero es quizás más percepción para la gran minería, que debe ajustar sus estrategias para evitar nuevos fracasos, pero que es una realidad para la pequeña minería. Segundo, se plantea la necesidad de resolver ciertos debates en la ecuación “minería-ambiente” sin los cuales será imposible avanzar con éxito en el gran “boom” minero que Colombia pretende desarrollar y tercero, se plantea la imperiosa e inaplazable necesidad de fortalecer el sector de la pequeña minería sin el cual difícilmente se podrá hablar de un sector minero en Colombia.

 

1  Gerente de la firma consultora Jairo Infante Consultor Ambiental (www.jairoinfante-environmental.com – E-mail: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla ) dedicada por más de 20 años a la asesoría y consultoría para el sector carbonífero en proyectos de pequeña, mediana y gran minería. Igualmente, consultor ambiental para diversos proyectos en Canadá, Australia, África, Argentina y Ecuador, entre otros países. Socio de la compañía Canadiense Alfa EnviroAction Inc.